Dejamos atrás un año que ha tenido de todo; momentos muy buenos y otros que no lo han sido tanto. A mí, pensando sinceramente en cómo hacer una valoración sobre él, solo me sale dar las gracias. Y es que dicen, que es de bien nacidos ser agradecidos. Tengo que agradecer a la vida, a mi familia, a mis amigos y a la gente que ha estado conmigo durante estos intensos doce meses. 


Ha sido un año complicado, pero diría que satisfactorio. Cuando miro atrás y pienso en todo lo que ha sucedido creo que puedo estar satisfecha. Satisfecha porque el esfuerzo se ha convertido en una de las principales bazas con las que he jugado durante este tiempo. He logrado varios de mis grandes objetivos en este año. He disfrutado de mi carrera, de mis prácticas y de la Universidad más que nunca. He aprendido muchísimo. Y es con lo que me quedo, al fin y al cabo. He intentado retener todo lo que me enseñaban, me he propuesto conseguirlo y así ha sido. He aprendido infinidad de cosas que desconocía, pero sobre todo he disfrutado con ello. No puede haber mayor satisfacción que hacer aquello que te gusta, lo tengo cada día más claro. He aprendido de todas las personas que han ido entrando - o saliendo - de mi vida, de las que, en su mayoría, mi recuerdo es positivo. Me han enseñado tantas cosas que no soy consciente de ello. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas como parece. Me he chocado de bruces con la realidad en infinidad de ocasiones; he llorado de desesperación, de agobio, de miedo… pero todo ello me ha empujado a madurar. Me ha obligado a luchar. Para ir labrando nuestro camino hay que trabajar por conseguir nuestras metas, y es lo que yo he procurado hacer durante los 365 días del año que nos deja. 


He llorado de risa y de tristeza. Creo que una de mis mayores virtudes – o eso suele decir mi madre - es que siempre sonrío.  Es muy fácil mejorar mi estado de ánimo porque cualquier tontería me hace reír y la sonrisa ya no se vuelve a marchar de mi cara. En muchos casos ellos han conseguido poner esa sonrisa en mi cara: mis amigos. Con ellos he compartido mis mejores momentos de este año, y doy gracias cada día por tenerlos a mi lado. Esos amigos a los que llamas para cualquier tontería y sabes que van a estar ahí. Esos amigos a los que pides un favor y a los dos minutos están tocando el timbre de tu casa. Esos amigos que con solo una mirada, saben si estás bien o mal. Esos a los que no cambiaría por nada del mundo. Esos amigos con los que compartes los momentos más importantes de tu vida. Esos amigos que lo son desde hace tantos años que ya ni puedo contarlos y que se han convertido en parte de mi familia. Gracias. Además de ellos, están esos otros amigos que este año ha permitido que entren en mi vida, con los que he vivido grandes momentos, muy  intensos, de profundos nervios; con los que he llorado y he reído también. Con los que he compartido mi pasión. El fútbol es maravilloso y lo es por la gente que pone en tu camino. Gracias.

Y de mi familia…no sé ni que decir. Ha sido un año nefasto, en el que los problemas nos han inundado por todos los rincones, y que no ha terminado tampoco precisamente bien. Sin embargo, siento que todas esas adversidades nos han hecho más fuertes, nos han unido y ahora somos uno. Somos una familia y tanto para lo bueno como para lo malo, estamos juntos. Es una de las mejores cosas que me deja este año. Saber que pese a todo, son ellos los que permanecen a mi lado. Gracias.
Intento recordar todas las cosas importantes de este año, pero me es imposible. A pesar de que ha sido duro, tan difícil como lo esperaba, me siento bien y siento que he cumplido con las expectativas. Ahora sé quién quiero ser, y sé (creo) como conseguirlo. Puedo sentirme orgullosa de como soy y de hacer lo que hago. Y eso me hace feliz. 

Esta es mi historia del 2013. Un año que me ha marcado, porque me ha hecho madurar y me ha enseñado cuál es mi camino y como he de luchar para conseguir mis objetivos. Y ahora entra el 2014 pisando fuerte. Entra lleno de energía, lleno de fuerza, de ganas y de optimismo. Llega para que los que dejan atrás un mal año tengan la oportunidad de volver a empezar desde cero. Llega para que los que están satisfechos puedan superarse un año más. Llega para que todos afrontemos nuestra vida con la ilusión renovada. 

Mis deseos para este nuevo año son sencillos. No pido grandes cosas, me he dado cuenta de que no las necesito. Como una vez alguien dijo por ahí, la felicidad está en las pequeñas cosas. Para el 2014 deseo que el esfuerzo tenga su recompensa. Que la gente que lo está pasando mal encuentre por fin una manera de revertir su situación.  Que el nuevo año le traiga fuerzas para luchar por lo que quiere. Que no se hundan, que puedan ser felices.



Para el 2014 deseo que el trabajo de sus frutos. Que todos los que trabajan sin descanso para conseguir algo, vean que sí se puede. Y, como no, que los que no tienen trabajo lo encuentren pronto. Que podamos dejar de apretarnos el cinturón y que nos den un respiro. Que sigamos aguantando, con fuerzas, que no decaiga el ánimo. Que podamos luchar.

Por último, y creo que no pido tanto, deseo que la gente a la que quiero sea feliz. Que el nuevo año traiga grandes momentos, que nos haga reír, que nos haga disfrutar, que nos enseñe cosas nuevas, que nos permita seguir aprendiendo. Que aprovechemos cada minuto de cada día, de cada semana y de cada mes de este nuevo año. 

Feliz año 2014 a todos, en especial a los que habéis dedicado estos valiosos minutos de vuestra vida a leer lo que se le pasa por la cabeza a esta loca cuando acaba el año. 

Ana.