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¡Nos vamos de boda!

7 de octubre de 2014

En el post de hoy hablamos de bodas y celebraciones. Y es que hay infinidad de maneras de preparar y organizar una boda, siempre con cariño y mucha ilusión. Este año he acudido a dos bodas y en ellas he encontrado muchos pequeños detalles que me han llamado la atención y que ahora quiero compartir como inspiración.
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La necesidad de querer

30 de septiembre de 2014

Hoy he comenzado un interesantísimo curso sobre blogs - el Blogging ABC de Anna Díez y Jackie Rueda - con el que espero dar un nuevo aire a mi blog que espero que os guste. Esta noche he decidido escribir sobre una reflexión que hace poco me hizo cambiar de alguna manera la visión con la que me enfrentaba a la vida. Ya hablaré más adelante de esa inspiración que me llega - supongo que no solo a mi - cuando me paro a escribir por la noche, que también me parece un tema muy interesante, pero de momento con este post comienzo a "hacer mis deberes" del curso, que con una sola clase ya me ha motivado para volver a escribir :)

Hace poco, después de pasar por un mal momento en mi vida, una sabia  mujer, en su intento por ayudarme a sentirme mejor, me explico una de sus “teorías de vida”. Las llamo así porque son ese tipo de pensamientos, sensaciones o maneras de vivir que cada uno, individualmente, tiene y que le ayudan a superar los tragos amargos que la vida nos pone en el camino. Cada cual tiene sus propias “teorías de vida” que aplica según las va necesitando y que le ayudan a sentirse mejor. No tienen por qué coincidir con las de los demás e incluso puede que las hayamos inventado nosotros mismos. También pueden, sin embargo, ser ese tipo de vivencias o creencias que todo el mundo conoce y que aplica según las va necesitando.

Pues bien, aquel día en el que yo no encontraba la luz y en el que sentía que toda mi ‘planificación’ de vida se iba al garete porque no podía tener lo que yo quería, esa sabia mujer me explicó que debía de pararme a pensar y sopesar qué era lo que quería y si realmente eso que yo pensaba que quería con todas mis fuerzas era lo que de verdad necesitaba. Y tenía toda la razón. Porque, ¿cómo darnos cuenta de si lo que a priori queremos es lo que de verdad necesitamos? ¿Cómo podemos diferenciar entre lo que puede ser un simple arrebato momentáneo que nos lleva a querer algo, y lo que de verdad necesitamos para poder seguir adelante en nuestra vida?

Aquella “teoría de vida” en la que debemos intentar diferenciar entre lo que queremos y lo que realmente necesitamos, me hizo reflexionar mucho. Porque no sabemos hasta qué punto lo que queremos es realmente lo que nos va a hacer felices. No sabemos si ese ‘querer’ se va a acabar. Y la única manera que tenemos de saber si de verdad necesitamos eso que tanto parece que queremos, es sentirlo con el corazón. Es pararse a buscar en lo más profundo de ti si de verdad ese algo es tan importante como para que luches hasta el final. Lo idóneo sería que lo que queremos coincidiera con lo que necesitamos, pero no siempre es así; muchas veces nos movemos por impulsos de querer algo que más tarde nos damos cuenta de que no necesitamos de verdad.

Debemos buscar la manera de querer lo que necesitamos. De enfocar nuestro esfuerzo hacia cosas que de verdad necesitemos, hacia nuestros objetivos sinceros, los que están en el fondo del corazón. Aquellos que necesitamos – realmente – conseguir, aquellos que nos dejen la sensación de orgullo aunque fracasemos en el intento.

Y recordad, no siempre lo que queremos coincide con lo que realmente necesitamos. Solo tenemos que pararnos a escuchar a nuestro corazón, a esa parte no racional de nosotros que nos hace felices y luchar por conseguir que lo que queremos también sea lo que necesitamos. 


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Reseña: No sin Lola

10 de agosto de 2014

No sin Lola es la primera novela de la escritora Eva Martínez.

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Gente buena

30 de julio de 2014

Hace tiempo leí un artículo (bueno más bien ví, porque eran fotos) que me ha hecho reflexionar. Se trataba de 33 fotografías que demostraban que aún queda gente buena en el mundo y que aunque creamos que no, aún hay gente que se preocupa por los demás.


Hace tiempo que pienso que la gente buena está en peligro de extinción. Después de conocer casos como  los de  políticos de turno, que utilizan los recursos públicos para obtener beneficios personales - lo he dicho bonito pero todos sabemos a lo que me estoy refiriendo -, después de darnos cuenta del daño que está haciendo la crisis a la educación, a la globalidad, a la solidaridad…queda demostrado que las personas somos cada vez más individualistas y que miramos mucho más por nuestros propios intereses antes que por los de cualquier otro, “no vaya a ser” que perdamos algo (aún más) de lo poco que tenemos. Es triste. Es triste, pero es real.

Pienso que esto es algo sobre lo que debemos trabajar. Porque los españoles nos hemos convertido en personas individualistas, que solo miramos por nosotros mismos, provocado en gran medida por la situación social y económica que nos ha tocado vivir. Y no es justo. No es justo porque hemos perdido esa esencia, esa humanidad que nos caracteriza. Se nos ha olvidado cómo se dan las gracias, cómo se pide por favor. Se nos ha olvidado ayudar a un amigo que lo está pasando mal o echar una moneda a una persona que pide por la calle. Ha desaparecido de nuestro pensamiento la intención solidaria que todos antes teníamos. Y es algo muy triste. Y muy peligroso.

Tenemos que intentar recuperar de nuevo ese espíritu que nos caracterizó durante tanto tiempo, esas ganas de ayudar a los demás, de ayudarnos entre todos, de compartir con los demás lo que tenemos, por poco que sea, de sentir de nuevo que somos una sociedad unida y que los problemas los podemos solucionar entre todos. Porque es algo que nos afecta a todos. Porque hoy no ayudamos a los demás, pero cuando seamos nosotros mismos los que necesitamos ayuda desearemos que alguien lo haga.  Porque agradeceremos que alguien lo haga. Hagámoslo nosotros también. 

Aquí os dejo el link del artículo: Estas 33 fotos demuestran que la tierra está llena de buenas personas




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Abran paso, llega el Mundial

12 de junio de 2014

Cuatro años. Cuatro años desde que España se proclamara flamante campeona del mundo. 

Cuatro años desde que al escudo de la selección se le añadiera la estrella encima. Cuatro años, pasados, que hoy vuelven a hacerse un hueco en el presente. Vuelve el fútbol, vuelve la fiesta más grande: llega el Mundial. Se acabaron los partidos de cada domingo, se acabó ver a tu equipo cada fin de semana. Todos los países se unen este verano para apoyar a sus respectivas selecciones. Da igual cual sea tu equipo, de que parte vengas o dónde haya jugado durante el año cada jugador. El Mundial une países, une aficiones. Todos a una por un sueño común: ser campeones del mundo. Nada menos. Se acabaron las rivalidades, llega la fiesta del fútbol más grande del mundo. Que se aparten las Ligas y las Champions que llega el Mundial.


El Mundial es diferente. El Mundial atrae. El Mundial hace que gente que no sabe de fútbol se siente delante de la televisión a ver los partidos de su selección y animen como el que más. Hay que ver el fútbol, te guste o no te guste. Es el Mundial y hay que ver el fútbol. Todo el mundo va a verlo, da incluso igual el partido. Los hay que verán solo a su selección y disfrutarán con ella; los hay también que verán todos los partidos sean cuales sean los equipos que jueguen. Es la magia del fútbol. Es su grandeza que se expande por todos los continentes y que refleja su máximo exponente en el Mundial. Ese Mundial que une a todos. Ese Mundial de las ilusiones, de los sueños, de las esperanzas. Ese Mundial para olvidar lo que hay detrás. Ese Mundial que nos separa un poco de la vida real para transportarnos hasta – este año – Brasil, para que podamos soñar. Para que disfrutemos del fútbol junto a los que lo llevamos haciendo todo el año, y con los que se unen para esta gran cita. Todos los países, todos los ciudadanos se visten de gala para homenajear al fútbol mundial. Para emocionarse. Para disfrutar.

Brasil. La sede del Mundial 2014 será Brasil. Un país de contrastes. Un país que se engalana para recibir la fiesta del fútbol y ser el mejor anfitrión. Un país que no siempre utiliza las mejores formas para conseguirlo. Un país sumido en una fuerte crisis – como la que asola también a tantos otros países – pero que utiliza sus recursos en el campeonato del mundo. Sus ciudadanos, descontentos protestan. Las autoridades los reprenden. La fiesta además de luces, también tiene sombras.

Maracaná. Maracaná se engalana también a la espera de la final el día 13 de julio. Uno de los estadios más espectaculares del mundo que se convertirá en la sede de uno de los partidos más importantes del mundo. La FINAL. Brasil, que quiere ser campeona en su territorio; o España, que quiere reconquistar el mundo. Argentina que quiere hacerse con un nuevo lugar en la historia; o Alemania que quiere mandar también en el mundo.

Miles de sueños, de ilusiones, de esperanzas, de emociones…miles de corazones latiendo en todo el mundo a toda velocidad gracias a un deporte que une pasiones: el fútbol. Gracias al mejor fútbol del mundo, que se cita este verano de 2014 en Brasil.


¡A disfrutar!


Queremos llegar a todo, a todas las citas, a las reuniones, a las entregas de trabajos… solemos decir que nos faltan horas a lo largo del día. Nos faltan horas para terminar de hacer todo lo que nos falta, todo lo que tenemos preparado o todo lo que nos han mandado. Y con todo el revuelo del día a día nos olvidamos de disfrutar.
Las prisas de la mañana, llamadas, correos, visitas y reuniones. No tienes tiempo para nada. Pero caminando por la calle te cruzas con el escaparate de una librería. Y entras. Miras la portada de cientos de libros, decides que es hora de llevar a casa un nuevo compañero. Los miras, los abres, pasas sus páginas, te inunda su inconfundible olor. Encuentras el libro perfecto, el que ahora te apetecería leer. Lo compras y te lo llevas a casa para leerlo antes de dormir.
Dejamos atrás un año que ha tenido de todo; momentos muy buenos y otros que no lo han sido tanto. A mí, pensando sinceramente en cómo hacer una valoración sobre él, solo me sale dar las gracias. Y es que dicen, que es de bien nacidos ser agradecidos. Tengo que agradecer a la vida, a mi familia, a mis amigos y a la gente que ha estado conmigo durante estos intensos doce meses. 


Ha sido un año complicado, pero diría que satisfactorio. Cuando miro atrás y pienso en todo lo que ha sucedido creo que puedo estar satisfecha. Satisfecha porque el esfuerzo se ha convertido en una de las principales bazas con las que he jugado durante este tiempo. He logrado varios de mis grandes objetivos en este año. He disfrutado de mi carrera, de mis prácticas y de la Universidad más que nunca. He aprendido muchísimo. Y es con lo que me quedo, al fin y al cabo. He intentado retener todo lo que me enseñaban, me he propuesto conseguirlo y así ha sido. He aprendido infinidad de cosas que desconocía, pero sobre todo he disfrutado con ello. No puede haber mayor satisfacción que hacer aquello que te gusta, lo tengo cada día más claro. He aprendido de todas las personas que han ido entrando - o saliendo - de mi vida, de las que, en su mayoría, mi recuerdo es positivo. Me han enseñado tantas cosas que no soy consciente de ello. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas como parece. Me he chocado de bruces con la realidad en infinidad de ocasiones; he llorado de desesperación, de agobio, de miedo… pero todo ello me ha empujado a madurar. Me ha obligado a luchar. Para ir labrando nuestro camino hay que trabajar por conseguir nuestras metas, y es lo que yo he procurado hacer durante los 365 días del año que nos deja. 


He llorado de risa y de tristeza. Creo que una de mis mayores virtudes – o eso suele decir mi madre - es que siempre sonrío.  Es muy fácil mejorar mi estado de ánimo porque cualquier tontería me hace reír y la sonrisa ya no se vuelve a marchar de mi cara. En muchos casos ellos han conseguido poner esa sonrisa en mi cara: mis amigos. Con ellos he compartido mis mejores momentos de este año, y doy gracias cada día por tenerlos a mi lado. Esos amigos a los que llamas para cualquier tontería y sabes que van a estar ahí. Esos amigos a los que pides un favor y a los dos minutos están tocando el timbre de tu casa. Esos amigos que con solo una mirada, saben si estás bien o mal. Esos a los que no cambiaría por nada del mundo. Esos amigos con los que compartes los momentos más importantes de tu vida. Esos amigos que lo son desde hace tantos años que ya ni puedo contarlos y que se han convertido en parte de mi familia. Gracias. Además de ellos, están esos otros amigos que este año ha permitido que entren en mi vida, con los que he vivido grandes momentos, muy  intensos, de profundos nervios; con los que he llorado y he reído también. Con los que he compartido mi pasión. El fútbol es maravilloso y lo es por la gente que pone en tu camino. Gracias.

Y de mi familia…no sé ni que decir. Ha sido un año nefasto, en el que los problemas nos han inundado por todos los rincones, y que no ha terminado tampoco precisamente bien. Sin embargo, siento que todas esas adversidades nos han hecho más fuertes, nos han unido y ahora somos uno. Somos una familia y tanto para lo bueno como para lo malo, estamos juntos. Es una de las mejores cosas que me deja este año. Saber que pese a todo, son ellos los que permanecen a mi lado. Gracias.
Intento recordar todas las cosas importantes de este año, pero me es imposible. A pesar de que ha sido duro, tan difícil como lo esperaba, me siento bien y siento que he cumplido con las expectativas. Ahora sé quién quiero ser, y sé (creo) como conseguirlo. Puedo sentirme orgullosa de como soy y de hacer lo que hago. Y eso me hace feliz. 

Esta es mi historia del 2013. Un año que me ha marcado, porque me ha hecho madurar y me ha enseñado cuál es mi camino y como he de luchar para conseguir mis objetivos. Y ahora entra el 2014 pisando fuerte. Entra lleno de energía, lleno de fuerza, de ganas y de optimismo. Llega para que los que dejan atrás un mal año tengan la oportunidad de volver a empezar desde cero. Llega para que los que están satisfechos puedan superarse un año más. Llega para que todos afrontemos nuestra vida con la ilusión renovada. 

Mis deseos para este nuevo año son sencillos. No pido grandes cosas, me he dado cuenta de que no las necesito. Como una vez alguien dijo por ahí, la felicidad está en las pequeñas cosas. Para el 2014 deseo que el esfuerzo tenga su recompensa. Que la gente que lo está pasando mal encuentre por fin una manera de revertir su situación.  Que el nuevo año le traiga fuerzas para luchar por lo que quiere. Que no se hundan, que puedan ser felices.



Para el 2014 deseo que el trabajo de sus frutos. Que todos los que trabajan sin descanso para conseguir algo, vean que sí se puede. Y, como no, que los que no tienen trabajo lo encuentren pronto. Que podamos dejar de apretarnos el cinturón y que nos den un respiro. Que sigamos aguantando, con fuerzas, que no decaiga el ánimo. Que podamos luchar.

Por último, y creo que no pido tanto, deseo que la gente a la que quiero sea feliz. Que el nuevo año traiga grandes momentos, que nos haga reír, que nos haga disfrutar, que nos enseñe cosas nuevas, que nos permita seguir aprendiendo. Que aprovechemos cada minuto de cada día, de cada semana y de cada mes de este nuevo año. 

Feliz año 2014 a todos, en especial a los que habéis dedicado estos valiosos minutos de vuestra vida a leer lo que se le pasa por la cabeza a esta loca cuando acaba el año. 

Ana.