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Mi 'experiencia Waynabox' | Parte 1

18 de agosto de 2016

Antes de que empieces a leer quiero aclararte que lo que aquí cuento es mi ‘experiencia ‘Waynabox’: un viaje con destino sorpresa en Europa organizado por esta empresa. Voy a explicar a través de mi experiencia por qué yo no volvería a contratar un viaje de estas características y las razones por las que esperaba algo más.

Viajar es una de las mejores maneras de encontrarse a uno mismo. Y eso lo vas comprobando cuanto más lo haces. Viajar da libertad, independencia y suele hacerte sentir que puedes con todo. Y si encima viajas con un aliciente diferente de lo habitual, la emoción aumenta. Por eso decidimos probar la ‘experiencia Waynabox’ y viajar hacia un destino sorpresa, en lo que entendíamos, tal y como ellos reflejan, sería “una manera diferente de viajar”. Dos días antes de poner rumbo al aeropuerto nos enteramos de nuestra parada: Bruselas.



Sinceramente, de entre todos los destinos de los que disponíamos en nuestra reserva, no creímos que este fuera demasiado probable teniendo en cuenta que se trata de una ciudad en máxima alerta terrorista y en la que las condiciones no eran las idóneas para viajar. No la descartamos (te dan la opción, previo pago de 5€) y a pesar del desconcierto de viajar hasta Bélgica el verano que más atentados se están produciendo y siendo un blanco inminente no recomendable, aceptamos. Tuvimos la mala suerte de que la misma tarde, tras conocer nuestro destino, saltó la alarma con una (falsa) amenaza de bomba que volvía a poner al Brussels Airport en el punto de mira, y corroboraba nuestra versión de que, en estos momentos, no es el destino idóneo para hacer turismo. [Puedes leer nuestra experiencia en Bruselas en la Parte ||]

Ante el desconcierto generalizado, decidimos ponernos en contacto con Waynabox (primero por WhatsApp y luego por teléfono) a su número de emergencias para intentar conocer la razón de que se siguiera enviando viajeros hasta Bruselas y si entendían que la integridad física de los que nos desplazábamos estaba garantizada. Bien, tuve que esperar más de 12 horas hasta que obtuve respuesta escrita; la llamada nunca fue devuelta. Cuando lo hicieron la respuesta tampoco me convenció: nadie me justificó el porqué ni el cómo de la elección de mi destino, ni siquiera me aclararon en qué momento se decidió, además de recomendarme “no viajar con miedo” argumentando: “nosotros trabajamos en Barcelona, cogemos cada día el metro y también estamos expuestos”. Expuestos estamos todos los europeos, en eso estamos de acuerdo, pero creo que no tiene punto de comparación. 

Antes de viajar, consultamos la documentación que nos enviaron al correo en la que creíamos tener todas las indicaciones para no llegar a ciegas a la ciudad dado que al ser un viaje ‘preparado’ y vendido como ‘experiencia’ creíamos que incluiría, al menos, un itinerario, una manera atípica de ver la ciudad o recomendaciones. En definitiva, una diferenciación, algo que no te pueda dar una simple agencia de viajes. Pero para nuestra sorpresa en el correo sólo encontramos una especie de justificante de los vuelos y el hotel, algo así como: “a las 6.25 sale tu vuelo de Madrid hacia Bruselas y te alojarás en el Hotel Bloom!”. Poco más. La información adicional debías buscarla por tu cuenta. Y en cuanto a la guía de viaje que proporcionan, habíamos leído por Internet a otros ‘wayners’ hablando de su experiencia y la ponían por las nubes; a nosotros la guía no nos sirvió porque sólo incluía opciones para moverse desde el aeropuerto hasta el centro (ni siquiera para llegar hasta el hotel) en tren y sin especificar. Una vez allí, y buscando por nuestra cuenta, supimos que el autobús era mejor opción. 

Sí nos enviaron una serie de recomendaciones para el vuelo (retrasos, cancelaciones, protocolos, etc).
Aún así, y habiendo leído a otras personas que viajaron previamente y sólo tenían alabanzas y buenas palabras, seguimos adelante cogimos las maletas y a las 6.25 del viernes siguiente estábamos en Barajas en el avión de Brussels Airlines rumbo a Bruselas.  Llegamos a la capital de Europa, al Brussels Airport, en Zaventem, media hora después de lo previsto. Allí, recomendados por los chicos de información del aeropuerto cogimos el autobús, que afortunadamente, nos dejó a un minuto del hotel (parada de Botanique) a un precio de 3€ y unos 40 minutos aproximadamente. El tren que recomendaban en Waynabox costaba 5€, tardaba veinte minutos, pero al llegar a la estación (Brussel Centraal) había que andar unos quince o veinte minutos hasta el hotel.

El que nos asignaron fue el Hotel Bloom!, a quince minutos andado de la Gran Place y cerca de la zona comercial de Bruselas, a pocos metros del centro comercial City2, entre otros. Es de tres estrellas y he de reconocer que es espectacular. Muy cómodo, bien situado y accesible. Un acierto. Aunque aquí también tuvimos sorpresa, dos en concreto que no dependían de nosotros. La primera la encontramos cuando llegamos a recepción y el recepcionista no encontraba nuestra reserva. Después del caos, de asegurarle que sí que teníamos, de explicarle cómo había sido nuestro viaje y de que no tuviera ni idea de lo que era ‘Waynabox’, dimos con la tecla y resultó que en la reserva estaban puestos mal los nombres, por lo que era imposible que nos encontraran (había un segundo apellido apuntado como nombre). La segunda sorpresa llegó cuando abandonamos el hotel y recibimos un cargo a la tarjeta de 50€. Hasta ahí todo normal, porque habíamos dado el número de cuenta al hacer el chek-in, algo habitual y obligatorio en los hoteles; lo raro era que el cargo no tenía concepto y se realizó a las nueve de la mañana del día de llegada, cuando nosotros habíamos entrado al hotel pasadas las once. Avisamos a Waynabox y se nos aseguró que no facilitaban los datos bancarios de los clientes al hotel y como nada cuadraba, quedaron en solucionarlo y volver a llamarnos “en un rato”. El rato fue de 25 horas y por Twitter. 


Una vez instalados y salvadas todas las trabas que nos habíamos encontrado, empezó nuestra aventura en la capital [Puedes conocer los entresijos de nuestro viaje en la Parte ||]: dimos una vuelta por la zona comercial, la Gran Place, el Atomium, comimos gofres, chocolate y patatas fritas y el sábado, el único día completo que pasamos allí de los tres que estuvimos, decidimos contratar una excursión para viajar a Gante y Brujas, ambas ciudades a menos de 200km de Bruselas y dignas de visitar. El domingo nos levantamos temprano, desayunamos y pusimos de nuevo rumbo al Brussels Airport en autobús, aconsejados por el recepcionista del hotel Bloom! y rumbo a España de nuevo. 

Con todo esto quiero decir que lo que yo esperaba de una ‘experiencia Waynabox’ era una diferenciación con respecto a un viaje normal que tú mismo puedas organizar; creía que la experiencia no se basaba simplemente en no saber adónde vas hasta dos días antes de salir, sino que incluiría una vivencia, un recuerdo diferente al de un viaje al uso. Quizá nosotros teníamos demasiadas expectativas o esperábamos que fuera diferente, más completo; pero en realidad Waynabox hace el papel de una agencia de viajes contratando el vuelo y el hotel y eligiéndote un destino, en nuestro caso, el que más barato les salió por el contexto social; pero el hecho de ser una experiencia entendida como una manera diferente de viajar, con un itinerario, una visión atípica, una guía de viaje peculiar, recomendaciones no conocidas, visitas sorprendentes o asistencia, nosotros personalmente, no la tuvimos. Es un viaje gestionado por Waynabox pero guiado por ti y lo que tú hayas indagado. Se supone que es una forma diferente de viajar y, en realidad, lo único diferente es que no sabes el destino, ni tu vuelo ni el hotel hasta dos días antes de partir. Para el resto viajas como lo harías de cualquier otro medio.

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