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Y ahora, ¿qué?

6 de julio de 2016


Llega un día en el que te levantas y no sabes qué hacer. Ni hoy, ni mañana, ni la cosa tiene atisbos de mejorar a corto plazo. Pasas de no tener tiempo ni para respirar, de acumular apuntes en tu agenda, de que te falten horas en el día, a no tener nada que hacer. Acabas la carrera y, de repente, eres ‘ni-ni’. Así, con todo lo mal que suena. Has trabajado durante cuatro años – o más – por tener un futuro y en el momento que abandonas la zona de confort de la vida de estudiante, saltas al abismo. Eres un ‘ni-ni’, con las cuatro letras, y te entra esa ansiedad voraz por hacer cosas, por buscar salidas, intentando ocupar tu tiempo ya sea con cursos, trabajos temporales que no son de lo tuyo, o vete tú a saber qué.

Pero cuando te paras a pensar, después de toda esa vorágine de sensaciones, también te das cuenta de que mereces un descanso, que las cosas vienen cuando vienen y que hay que disfrutar del proceso. Del proceso de crecer, de madurar, de buscar y de empaparse de lo que nos vamos encontrando por el camino. Bajo el sol del verano, con la brisa del mar enredándome el pelo y la arena entre los dedos de los pies, me paro a pensar en mi etapa universitaria. Analizo todo lo bueno que me ha dejado. Todo lo bueno profesional y personal, sobre todo, personal. Al final de ese proceso maduramos y crecemos, definitivamente.

Bienvenidos a la vida adulta, al mundo laboral. Es después de la carrera cuando comenzamos a construir nuestra verdadera historia. Empezamos a labrar el camino que queremos recorrer. Poco a poco, aclaramos nuestras ideas y sentimos qué es lo que tenemos que hacer. Nunca dejes de formarte, de aprender y probar cosas nuevas para evolucionar.


PD: Con este post os doy la bienvenida a esta nueva – y espero, mejor – etapa del blog.